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domingo, 2 de diciembre de 2012

EL COMPOSITOR HERMILIO HERNANDEZ



Este compositor nació en Autlán Jalisco el 2 de febrero de 1931 y murió en Guadalajara el 4 de abril del 2008.
Empezó sus estudios musicales con su padre, y a la edad de 12 años ya acompañaba en el órgano al coro de su pueblo en las misas. A la edad de 15 años entró a la Escuela Superior Diocesana de Música Sacra en Guadalajara. Entre otros maestros estudió composición con Domingo Lobato;obteniendo un título en esa disciplina en 1955. Como requerimiento para obtener su título, Hernández compuso varias obras que fueron interpretadas en el Teatro Degollado de Guadalajara. Para graduarse también compuso varias obras de carácter sacro las cuales a su vez fueron interpretadas en la Catedral de Guadalajara en ese mismo año.
Hermilio Hernández al órgano
En 1956 recibió una beca por parte del Arzobispado de Guadalajara para continuar su formación musical. De esa manera se trasladó a Roma donde estudió en el Instituto Pontificio de Música Sacra; obteniendo en esa institución los grados de Maestría en Composición y Maestría en Órgano. Durante ese tiempo, también recibió instrucción particular con varios maestros afuera del instituto.
Después de regresar a México, se dedicó en parte a la enseñanza en la Escuela de Música de la Universidad de Guadalajara. Por muchos años también, fue el principal organista de la Catedral de Guadalajara. Sus obras han ganado reconocimiento a nivel nacional, y algunas han sido interpretadas internacionalmente. 

ESTILO MUSICAL

En sus primeras obras, este compositor utiliza un lenguaje romántico cercano al de Manuel M. Ponce. Desafortunadamente muchas de esas obras tempranas se han extraviado. Este compositor ha cultivado en sus obras algunas formas musicales tradicionales tales como la forma sonata de la cual un ejemplo es su Sonatina no. 1 para piano. Esta tendencia de usar formas tradicionales es en parte el resultado de la influencia que tuvo en los compositores mexicanos el movimiento neoclásico de procedencia europea en la década de 1950. Sin embargo, a diferencia de otros compositores, se puede decir que las características neoclásicas en la música de Hernández no son algo externo sino algo intrínseco a su estilo como consecuencia de su formación musical tradicional.

SONATINA I

Hernández admite que en un principio compartió con Lobato varias ideas musicales provenientes de los impresionistas. Esto se refleja en su estilo musical temprano que se caracteriza por el uso de escalas modales, otras escalas no tradicionales, una tonalidad indefinida, y otras características típicas de los impresionistas. [1] Un ejemplo de ese estilo temprano es la ya mencionada sonatina.
Sin embargo, esas ideas eran ya algo anticuadas para los años cincuentas. Aquí es interesante citar a Carballo otra vez: “a la provincia llegan tarde todas las novedades culturales y artísticas, y se retiran años después de haber cumplido su misión específica.”[2]
En Europa Hernández va a encontrar la posibilidad de aprender y empezar a aplicar ideas de composición más modernas. Específicamente, se familiarizó más con el sistema dodecafónico o serialista el cual le ayudó a liberarse por completo de las prácticas tonales. Sus Invenciones para Piano de 1968, son un ejemplo del lenguaje serial en Hernández. Sin embargo, él no emplea estas técnicas de una manera estricta como el serialismo integral de otros compositores. Y, aunque recurre al cromatismo natural e intrínseco del dodecafonismo como un medio para evitar los hábitos formados dentro del sistema tonal, él aplica esas técnicas de una manera muy libre. En sus Invenciones Hernández demuestra también un gran dominio del contrapunto aplicado dentro de un lenguaje más moderno.
La alusión a las Invenciones de Bach es evidente al escuchar estas piezas.

DOS INVENCIONES




[1] En su empleo moderno los términos “tonal” y “modal” se excluyen mutuamente. El primero designando a aquella música escrita en alguna tonalidad (como en la música popular), mientras que el segundo se refiere a música que muestra la influencia de los modos antiguos o eclesiásticos.
[2] Emmanuel Carballo. Ya nada es igual, pp. 69-70 

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